La propiedad intelectual en la relación laboral

¿Quién es el propietario de una obra artística, una creación técnica, un personaje literario, etc. creados por un trabajador asalariado en el desempeño de sus funciones mientras se encuentra al servicio de la empresa?

En la actualidad y con la creciente tendencia a la constitución de sociedades tecnológicas y artísticas, es importante que éstas tengan claro cuáles son sus derechos sobre la propiedad intelectual de sus trabajadores, y cuáles son los derechos de los trabajadores.

En muchas ocasiones las empresas se dirigen a nosotros para recibir asesoramiento sobre cómo registrar determinadas obras de Propiedad Intelectual ante el Registro de Propiedad Intelectual. Pues bien, hay que tener muy presente que no se puede registrar la obra si previamente no se han adquirido los derechos sobre la misma. Porque lo fundamental, mucho más importante que el registro en sí, es que la Empresa adquiera desde el principio todos los derechos sobre el trabajo que su trabajador va a realizar.

Si bien es cierto que la ley establece una presunción por la que se atribuye la propiedad a la empresa no menos cierto es que esta atribución de derechos tiene un alcance limitado y además solo operará en defecto de pacto, por lo que lo fundamental es que firmen las partes un contrato para la cesión de dichos derechos.

Una vez leído este artículo, lo que le debe quedar claro a todo empresario (y trabajador) es que los derechos de Propiedad Intelectual se adquieren por su mera creación, por ser el autor, y no por inscribirlos en el Registro. De manera que quien no es el autor únicamente los adquiere de acuerdo a la legalidad si se los cede su autor y no por la mera inscripción.

Cierto es que en la relación laboral existen una serie de presunciones que implican una transmisión directa de determinados derechos a favor del empresario. Pero es importante tener en cuenta que las relaciones entre los empresarios y los empleados, en el campo de Propiedad Intelectual, se regulan por su propia normativa y no por el derecho laboral. En este sentido atendemos al art.51 del TRLPI (R.D. Legislativo 1/1996 de 12 de abril) que nos marca las pautas de estas presunciones. Dice:

“Artículo 51.Transmisión de los derechos del autor asalariado.

1. La transmisión al empresario de los derechos de explotación de la obra creada en virtud de una relación laboral se regirá por lo pactado en el contrato, debiendo éste realizarse por escrito.

2. A falta de pacto escrito, se presumirá que los derechos de explotación han sido cedidos en exclusiva y con el alcance necesario para el ejercicio de la actividad habitual del empresario en el momento de la entrega de la obra realizada en virtud de dicha relación laboral.

3. En ningún caso podrá el empresario utilizar la obra o disponer de ella para un sentido o fines diferentes de los que se derivan de lo establecido en los dos apartados anteriores.

4. Las demás disposiciones de esta Ley serán, en lo pertinente, de aplicación a estas transmisiones, siempre que así se derive de la finalidad y objeto del contrato”.

Es decir, que la cesión de derechos y su alcance se regularán por acuerdo privado, y, a falta de este, se entenderá que la cesión se hace en exclusiva, sí, pero únicamente para el ejercicio de la actividad habitual del empresario al momento de la entrega de la obra (lo que implicaría, por ejemplo, la prohibición de vender o ceder la obra creada a terceros, a menos que la transmisión a terceros sea precisamente la actividad .propia de la empresa). Esto implica que si no hay cesión expresa en un contrato, se entenderá que la cesión se hace por el ámbito espacial propio de la empresa (en nuestro caso, España) y por un ámbito temporal de dos años.

Algo a tener muy en cuenta cuando la Sociedad tiene en mente la comercialización de productos basados en la Propiedad Intelectual de sus trabajadores y cuando se prevé una posible cesión de derechos a favor de terceros.

Lo mismo ocurre con los derechos de explotación que se presumen cedidos. Es no sólo conveniente sino necesario, preparar un documento privado en el que se recoja una cesión expresa de todos aquellos derechos que se prevé se puedan necesitar en un futuro de cara a la explotación del producto o de cara a la transmisión de terceros.

Incluso haciendo un contrato de cesión amplio que prevea todas estas circunstancias, es importante incluir bien en el contrato o bien en un reglamento interno de la empresa otras cuestiones como por ejemplo la utilización del material de Propiedad Intelectual en internet para la difusión de su propio trabajo, o peor aún, colgarlo en páginas P2P para descarga.

Además, se debe tener en cuenta también que:

1.  Los derechos morales del autor son intransmisibles, entre ellos el denominado derecho de “paternidad”, por el cual el autor siempre tiene derecho, aunque haya cedido los derechos de explotación, a ser reconocido como autor de la obra.

2.  La cesión de derechos futuros es nula. Es decir, el autor no puede ceder los derechos de obras que todavía no ha creado, salvo que sea por encargo de obra. Este asunto es complejo y requiere del asesoramiento de un profesional.

 3.  El autor tiene derecho a una participación equitativa y proporcional de los ingresos que la Empresa obtenga como consecuencia de la obra.

También, aunque sea de forma breve, interesa mencionar que en ocasiones las empresas recurren a trabajadores freelance para la realización de determinados trabajos generadores de derechos de Propiedad Intelectual. Es algo habitual y normal pero conviene recordar que hay determinados perfiles de trabajos, generadores de derechos de Propiedad Intelectual, que no pueden ser contratados en régimen mercantil puesto que su perfil se encuentra encuadrado por la Ley en el Régimen Laboral. Algunos de estos perfiles son, por ejemplo: los actores, los artistas de doblaje y grabación y en general los artistas de espectáculos públicos.

Pero este tema, será objeto de estudio en otro artículo.

Si necesitas asesoría en temas relacionados con la propiedad intelectual, ponte en contacto con nosotros.

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